Estamos enfermos, perdónennos

(Texto no basado en hechos y/o personajes reales, bah, casi todo)

Todos sabemos que el fútbol no vale nada. Es un deporte, un simple juego en el que 22 tipos van detrás de una pelota y buscan que entre en un rectángulo.

Si un día viene un extraterrestre y vos le contás que el fútbol es esto y que hay por fecha entre 20.000 y 50.000 personas que van a verlo a una cancha no te cree.

Porque el fútbol es un simple deporte en el fondo. En lo más íntimo de uno, podemos decir “el fútbol no es importante”, pero por fuera, el fútbol es todo.

Somos egoístas, malas personas, seres horribles. El día, la semana o incluso, por qué no, el mes puede ser espantoso si tu equipo perdió. El subte se vuelve más feo de lo que es, el tránsito se hace más odioso.

Lo peor de esto no son estos sentimientos de odio o mal humor, sino que sabemos que somos muy boludos. Mirá si va a ser un problema que tu equipo pierda, que va a ser motivo para no sonreir en todo el día, pero así somos.

Tratamos de sentir empatía con el otro, “che, no me puedo poner así, hay gente que no tiene para comer” o “loco ese tuvo un problemón y el tipo se ríe igual, soy un boludo”. Todos decimos esa frase, en el fondo, porque por fuera seguimos puteando, no sentimos un carajo de empatía.

Qué culpa tendrán nuestras familias, nuestros compañeros de trabajo, amigos, la persona con la que tuviste un encuentro circunstancial, meterse en nuestra vida después de que perdió nuestro equipo, solo con eso es suficiente.

Incluso ese egoísmo lo trasladamos a la Selección, porque sin necesidad de hacer un estudio, estoy convencido que el 90% de los hinchas de algún equipo de fútbol eligirían que le vaya mejor al equipo del que uno es hincha antes que a la selección. Así somos, que la gloria sea nuestra, no la quiero compartir.

Pido perdón en nombre de todos los fanáticos de algún equipo de fútbol, perdón por esas caras de orto, por no decir buen día, por putear, por no sentir empatía con el que tiene problemas enserio. Estamos enfermos, perdónennos.

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Campanas

Sonaron las 12 campanas, como todo los días, como todas las noches, eso no anunciaba otra cosa más que la llegada de un nuevo día. Es tan simple y rutinario la llegada de un nuevo día que nadie nota lo fuerte que es eso. En ese nuevo día alguien puede recibirse, casarse, empezar un trabajo, jugar una final del mundo, realizar su primera operación, estrenar una película, salir con alguien que le gusta.

Termina algo, empieza algo.

Él estaba sentado, esperando, quizás más pensativo que de costumbre. Bajó la mirada, no para ver el piso, sino para verse a sí mismo, nunca mejor que mirarse externa e internamente. Más kilos que hace unos años, con más batallas ganadas, con más batallas perdidas; con ropa que hace 10 años no quería saber nada con usar.

Se fue al baño, calculo que para verse en el espejo y terminar con su autoanálisis. Con barba y unas arrugas de más, le costó reconocerse así.

Se miró completamente en el espejo y se lamentó que se hayan acabado las tarde de tener al robot que le hablaba, una canchita de fútbol o que venga la mamá y le ponga la camisita nueva.

Volvió a sentarse y miró a su alrededor, la gente que estaba con él comenzó a abrazarlo y a reir. Eso lo ponía feliz, abrazar.

Las campanas de las 12 habían marcado el comienzo de un día de abrazos. Abrazos con palmadas, abrazos fuertes y largos, abrazos con un beso en el cachete, abrazos cortitos y simples pero no menos afectuosos. Abrazos de abuelas y de abuelos; de mamá y papá. Y el más espontáneo y lindo, el abrazo de gol.

Tuvo la suerte de abrazar, abrazar a poca gente pero que es mucha, muchísima, la necesaria.

Hizo un último pedido que se había olvidado durante el día antes de que se hagan 12. Un último abrazo y se fue al baño para mirarse en el espejo y verse una vez más antes que terminara el día.

En el corazón guardó las tardes de hablar con un robot, de la canchita de fútbol o de que la mamá le ponga la camisita nueva. No extrañarlas, atesorarlas como recuerdo y punto.

Sonrió, estaba feliz, muy feliz. No le importaban las arrugas, la barba y los kilos de más. Era feliz.

Se prometió disfrutar más, conocer más, tomarse el tiempo para ver series y películas, sacar fotos de todo lo que le gustara, seguir abrazando más y más. Sonreir.

Sonaron las 12 campanas, se dejó de mirar en el espejo. Terminaba el día y comenzaba uno nuevo, en el que tenía que cumplir con la dura tarea de ser aún más feliz.

Incomodidad 1

Cómo predecir el futuro en un blog

Cuentos que casi son cuentos

El mismo olor, la misma cara, el mismo color de piel, la misma ella. La mirada distinta, la voz cambiada, la sonrisa distorsionada. Siempre linda, siempre forra.

Lo saludó con un beso y un medio abrazo. De esos chotos que te dan las mujeres cuando te quieren pero hasta ahí. Porque en el fondo saben que no pueden abrazarte mucho porque no da y te abrazan como si se estuvieran agarrando del tubo del colectivo, imaginan que atrás de tu espalda tenés esos tubos. Bueno así lo abrazó.

Un año y tres meses esperó ese día para verla, tuvo todo ese tiempo para planificar qué decirle y hasta cómo vestirse pero cuando la vio todo lo que pensó se fue al carajo.

Se rió y lo miró con cara de “no me vas a decir nada?”. Un año y tres meses estuve imaginando esto y ella lo miró así, por…

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Los hombres también lloran

-Dejame llorar esta vez, pero va a hacer de emoción.

-Esta vez sí te voy a dejar llorar, pero que sea de emoción.

Se dijeron.

-Mejor sabés qué, yo dejo que vos llores, que vos te emociones. Te toca a vos, lo merecés vos.

Se lo dijo con la mente.

Se fundieron en un abrazo. Interminable.

Lloraron los dos.

11 años y 10 años después. Como para no llorar.

El sol amarillo y arriba

-Viste qué lindo está el sol hoy mami?

-Por qué Matu, ayer no estaba más lindo?

-Noooo, mirá, hoy está más amarillo y mucho más arriba.

-Lo mediste?

-Qué es medir?

-Es ver si una cosa está muy lejos, o es muy alta o muy grande.

-Y yo cómo mido?

-Y por ahora sos chiquito pero ya vas a crecer.

-Y voy a poder tocar tocarlo cuando mida mucho?

-No loco, cómo lo vas a tocar? Está lejísimos y te podés quemar si lo tocás.

-Como cuando vos me retás por acercarme cuando estás planchando para que no me queme?

-Claro, después te duele.

-Y la otra vez que fuimos a la playa me pusiste una crema para que no me queme. No podés ponerme esa crema y voy a tocarlo?

-Para ir a tocarlo necesitás un super cohete y una super crema.

-Y cuando sea muy grande voy a poder inventar el super cohete y la super crema así voy.

-Pero vos no querías ser jugador de fútbol?

-Es verdad, pero puedo hacer las dos cosas. O no?

-A lo mejor sí.

-Vos que querés que sea, un viajador al sol o jugador de fútbol?

-Yo quiero que seas lo que vos quieras.

-Y papi qué quiere que sea?

-Papi también quiere que seas lo que vos quieras.

-Entonces tengo tiempo para pensar.

-Y si viajás al sol me llevás?

-Sí, a papi también, a los abuelos y a los tíos también. Y a Cati aunque me moleste también

-A los primos, no?

-También, así juego con ellos.

-Y vamos a entrar todos?

-Voy a hacer un cohete enorme, más grande que el auto de papi.

-Y no vas a llevar a una novia?

-No tengo novia má.

-Pero cuando crezcas vas a tener.

-Capaz que sí, pero no se si va a querer ir al sol con todos. Vos querés que vaya?

-Yo quiero lo que vos quieras.

-Y qué deseas que yo haga?

-De dónde sacaste esa palabra?

-Del jardín, pedimos deseos para el mundo el otro día.

-Y vos qué pediste?

-Que la gente de los países se deje de pelear. Y vos qué pedís?

-También, lo mismo.

-Y para mí tenés un deseo?

-Te deseo el mundo en tus manos. Pero peinate antes de tenerlo así papá no te reta.

Matu le dio la mano más fuerte a la mamá o capaz la mamá se la agarró más fuerte a él. Estaba muy lindo el sol ese día, más que el del anterior.

Porción de pizza para uno

Salvador se sirvió la pizza con un ¿servidor de pizzas?, no tenía ni la más puta idea de cómo se llamaba eso, pero le parecía hiper útil. Fugazzetta rellena, la de Kentucky, Fugazzetta campeona, de la que viene rellena de puro amor. Cortó un pedazo, acomodó el queso sobrante para que sea más fácil comerla y a la bo…

-¿Vos te pensás que yo soy pelotuda Salva?- Increible, histórico. Él sabía que Malena era la mina más inapropiada para hacer planteos, pésima, era su gran defecto, una caja de pandora de los planteos.

Apoyó el tenedor con una tristeza inigualable sobre el plato. -¿Qué pasó Male?

-Tu fugazzetta, eso pasó.

-¿…?

-No te hagas el boludo Salvador, ya estás grande.

No había mayor respuesta que encogerse de hombros y quedarse con las manos colgado como pidiendo explicaciones en gesto de “no se qué cobraste, yo no lo toqué”. Porque cuando no sabe qué decir, el hombre es el más pelotudo haciendo gestos y la mujer en un segundo se transforma en Freud. Dos segundos que dudaste y te plantaron la bomba atómica porque te encogiste de hombros.

-Te pediste la fugazzetta porque sabés que a mí no me gusta la cebolla y después no puedo acercarme a vos ni a dos metros.

-Nada que ver, sabés que me gusta la fugazzetta. ¿Por qué no voy a comer la pizza que a mi me gusta?

-No es la pizza, es el gesto.

-Qué gesto Male, si me pedía de jamón y morrones no decías nada.

-Pero no te la pediste.

-Porque me gusta más la de fugazzetta.

-No te molestaba pedirte la de jamón y morrones.

-Pero quería de fugazzetta.

-Querías que yo me enoje.

-¿Vos me estás cargando, no?

-No Salvador. El gusto de la pizza es todo un signo de que estamos para la mierda.

-A la mierda, imaginate si me pedía pistacho de gusto de helado me hacías un testamento de planteo.

-No es joda pelotudo, no te podés tomar todo para la joda. No es un planteo, es una realidad.

-¿Qué realidad Male?

-De que estamos para la mierda.

Otra vez el gesto de hombros y manos colgando.

-Tengo razón, no sabés ni qué decirme.

-Es que no se qué decirte. Me agarra de sorpresa.

-Salva no es casualidad que ya no pienses en mí, que no te preocupes por mí. Haces 3 años estamos saliendo y ya no es lo mismo. Te sigo amando como persona, pero la relación es una poronga.

Ya la pizzería estaba toda escuchando la discusión y esa frase sonó como el caño de escape que anda como el orto y suena como un disparo.

-No estamos igual, vos ya no pensás en mí y yo trato pero posta que no puedo seguir así.

-Male, te juro que me dejás helado, no se qué decirte porque no siento que sea así, se que no es así. No sabía que te iba a joder tanto que me pidiera la pizza de fugazzetta.

-No es la pizza de fugazzetta pelotudo. Llamame mañana que si querés nos juntamos a hablar.

Se levantó y se fue, a las mujeres no les importa ni un poco pasar papelones, lloran donde se les canta el orto y gritan en donde tienen espacio, los hombres son los que lo sufren. Salvador no tuvo más reflejado que quedarse ahí sentado con la gente mirándolo de reojo. Dejó la plata, se levantó y se fue. Se quedó el pedazo de pizza pinchado en el tenedor, frío ya. Malena tiene la capacidad, brillante capacidad, de dejar helado a las personas y a la pizza, que estaba rellena con amor. 

Mi bici de los 24 años

Es raro describir el dolor de una derrota. Más raro cuando es el fin de un sueño. Pero es aún más raro cuando el sueño que no fue, fue cumplir el sueño.

Cuando me llegó el mail de la FIFA con la confirmación de que había salido sorteado para poder comprar entradas para la final del mundial, sólo si llegaba Argentina me parecía una joda. Me considero un tipo con suerte, pero no por esa suerte que tiene el tipo que gana a la generala o la pega en la lotería o pide helado con brownie y adentro le viene la torta entera. No soy de los que ganan rifas o sorteos. Una vez gané una bici cuando tenía 7 años y ni estaba yo para recibirla, estaba mi viejo y no le creía cuando me contó que la había ganado.

¿Cómo yo iba a salir sorteado para poder ir a la final del mundo?

Lo primero se dio. El otro problema era que la palabra condicionales era clave. Internamente sabía, estaba seguro que estábamos cerca. Un poco en joda y un poco en verdad, pienso que los jugadores falopa en algún momento te dan un mundial.

Siempre le tuve fe a esta selección (menos a Romero, nobleza obliga, me calló la boca), pero quizá el miedo eterno a que nunca gané una rifa o un sorteo me llevaba a no ilusionarme.

“Nos vemos en Rio” nos despedimos con mi primo, autor intelectual de que pueda conseguir esas dos entradas para la final y a quien le estaré eternamente agradecido por haberme pasado simplemente un link, “nos vemos en Rio” me sonaba lejano, casi irónico.

El Messi de los primeros partidos, el palo vs Suiza, el pie de Mascherano contra Robben, las manos de Romero y el penal de Maxi Rodríguez fueron el bolillero que sacó mi número, el ganador. ¿Cómo reacciona una persona que gana una rifa o un sorteo? Lo más probable es que no sea como yo que tuvo que ir corriendo a sacar pasajes de avión y a buscar un hotel.

Faltaba una sola cosa para que se de el premio completo. Lo que no se dio. Elijo describir el momento, mis sensaciones ahora en que se mezcla la tristeza y la alegría porque es cuando uno no sabe cómo carajo reaccionar. Dentro de unos años tendrá un valor enorme dónde estuve y lo que viví, que ahora no puede ser tomado como 100% alegre. Por ahora mantengo la mezcla y esas lágrimas que no saben para dónde apuntan.

Con mi viejo y mi primo compartí este premio que gané con el Messi de los primeros partidos, el palo vs Suiza, el pie de Mascherano contra Robben, las manos de Romero y el penal de Maxi Rodríguez. No pudo ser el gordo de navidad, pero fue un gran premio, no creo que sea el primero ni el último que voy a ganar. Voy y vamos a estar en otra final, no me voy a quedar sólo con esta, ni a palos. Pero será una gran historia para que le cuente a mis hijos y quizás se la cuenten a los de ellos.

Estuve en una Final de la Copa del Mundo. Es tan grande eso que me cuesta caer. Soy un tipo con suerte.